Corta la col lo bastante fina para que se doble
No hace falta comprar una mandolina para esta tarea. Si ya utilizas una, mantén el protector en su sitio. La col cortada a mano puede quedar un poco desigual y seguir resultando agradable al comer. Las tiras gruesas son las que conviene apartar y volver a cortar.
Deja que un poco de sal empiece a ablandarla
Mezclar la col con sal antes de aliñarla extrae un poco de humedad y vuelve las tiras menos rígidas. Utiliza las manos para darles la vuelta con suavidad en lugar de amasarlas con fuerza. El objetivo es una ensalada crujiente que se doble en el tenedor, no un cuenco de hojas lacias.
Después de diez minutos, comprueba el fondo del cuenco. Si hay un charco apreciable, retíralo antes de añadir el aliño. Una pequeña cantidad puede quedarse. Prueba una tira para saber cuánta sal ha llegado ya a la col.
Corta la naranja sobre un cuenco
Retira con el cuchillo la piel y la parte blanca de la naranja y después corta la pulpa en trozos pequeños sobre un cuenco para recoger el zumo. Puedes sacar gajos limpios entre las membranas si disfrutas de ese trabajo, pero bastan trozos de bocado.
Añade el zumo recogido al aliño. Aporta un poco de dulzor sin otro ingrediente. La lima proporciona la nota más ácida. Si la naranja es especialmente dulce, quizá quieras un poco más de lima; si es ácida, empieza con menos.
Aliña antes de cenar y añade la guarnición en la mesa
La col puede permanecer un rato corto en el aliño, lo que hace de esta una guarnición cómoda cuando los fuegos están ocupados. Incorpora la naranja con suavidad para que sus trozos no se conviertan en zumo antes de llegar al plato. Añade la menta cerca del momento de servir.
Los cacahuetes tostados dan a la ensalada un toque crujiente y salado, pero las semillas de girasol tostadas son una alternativa fácil. Guarda cualquiera de las dos coberturas por separado si envasas sobras. Sirve junto a pollo, alubias o patatas picantes, donde el cítrico fresco ofrece al tenedor un bocado que aligera el conjunto.





