Empieza con garbanzos en conserva escurridos
El tomate triturado ofrece una base más uniforme que los trozos grandes de tomate, mientras que la leche de coco entera en conserva aporta cuerpo. Si la grasa se ha separado, remueve la leche de coco en la lata antes de medirla. La bebida de coco refrigerada en brik es mucho más líquida y cambiaría tanto la textura como el equilibrio del plato terminado.
Dedica un momento a la cebolla y las especias
Cocina la cebolla en dados hasta ablandarla antes de añadir el jengibre y el ajo. Estos ingredientes aromáticos rallados finos solo necesitan un breve paso por el aceite caliente. Añade después las especias secas y remueve constantemente para que no se peguen al fondo mientras coges los tomates.
El curry en polvo se usa aquí como mezcla práctica, sin pretender representar una tradición regional concreta. Las mezclas varían en picor y composición, así que revisa la etiqueta y elige una cuyo sabor te guste. El comino molido se reparte por toda la salsa. Ten los tomates listos antes de añadir las especias secas para que su breve cocción no termine en quemado mientras abres una lata.
Ablanda las espinacas al final
Los garbanzos se cocinan suavemente en la mezcla de tomate y coco mientras la salsa espesa. Remueve de vez en cuando por el fondo de la sartén, sobre todo donde los bordes burbujeen más deprisa. Cocina sin tapa para que escape la humedad, pero baja el fuego si la salsa empieza a salpicar mucho o a pegarse.
Incorpora con suavidad las espinacas baby lavadas y bien escurridas justo antes de servir. Deben ablandarse en la salsa mientras los garbanzos conservan la forma. El zumo de limón se añade después de apagar el fuego y aporta frescor sin necesidad de otro adorno. Reparte el curry en cuatro cuencos; puedes acompañarlo con arroz o pan plano, contando su preparación aparte de esta receta.








